1 El año de la muerte del rey Uzías, vi al Señor excelso y sublime, sentado en un trono; las orlas de su manto llenaban el templo.2 Por encima de él había serafines, cada uno de los cuales tenía seis alas: con dos de ellas se cubrían el rostro, con dos se cubrían los pies, y con dos volaban.3 Y se decían el uno al otro: «*Santo, santo, santo es el Señor *Todopoderoso; toda la tierra está llena de su gloria.» 4 Al sonido de sus voces, se estremecieron los umbrales de las puertas y el templo se llenó de humo.5Entonces grité: «¡Ay de mí, que estoy perdido! Soy un hombre de labios *impuros y vivo en medio de un pueblo de labios blasfemos, ¡y no obstante mis ojos han visto al Rey, al Señor Todopoderoso!» — Isaías 6:1-5

Tiempo otra vez para ser muy honestos.  Como seres humanos somos muy ensimismados.  Siempre preguntamos, “¿Cómo me veo?  ¿Esa persona me gusta? ¿Cómo puedo tener lo que yo quiero? ¿Recibiria yo la promoción en mi trabajo?”  Y usualmente, ser ensimismados nos lleva a uno de los dos extremos – el orgullo o la pena.  Si pensamos que estamos haciendo bien – nos puede llevar al orgullo, y si percibimos que no estamos alcanzado la meta – empezamos a sentir como fracasos.

En el mundo cristiano también somos muy ensimismados – por ejemplo, siempre hablamos de “mi crecimiento” y “mi desarrollo”.  Hablamos de ser “como Jesús” y el enfoque resulta a ser en nosotros mismos, o siempre comparando como estoy yo en comparisión de como estuve hace algunos meses o en comparasión con otros.

El profeta Isaías tenia un gran encuentro con Dios, algo muy poderoso, y le dejó con otra reacción total.  Su visión de Dios le dejo en ruinas, por que percibó la grandeza y la santidad de Dios, toda la majestad ruinó ideas de ser ensimismado y el enfoque total estaba en Dios.  En realidad Dios quiere tener un encuentro con cada uno de nostoros en esta manera, para dejarnos en ruinas para podamos enfocarnos completamente en Él.  Y el resultado seria que nuestras vidas cambian de ser dirigidas por lo conveniente a ser dirigidas por convicción.  El encuentro verdadero con Dios, como tenia Isaías no es para plastarnos, más bien es para limpiarnos de todo mal y llenarnos su Espíritu – para cambiar nuestra vida vieja para una vida nueva en Él.

Nadie puede hacernos tener este tipo de encuentro con Dios, solamente Dios puede hacerlo.  Pero usualmente Dios revela su gloria en esa manera cuando damos cuenta que estamos en necesidad.  Puede ser por grandes cambios en nuestras vidas: cambio de trabajo, una relación quebrada, una graduación, la enfermedad, o un gran disilusión.   Esas cosas nos quiebra y deja nuestros corazones y oídos abiertos a Dios.

En momentos como así Dios ofrece su perdón, para Isaías Dios limpió sus labios con una tenazas.  A veces tenemos una percepción incorrecta de lo que es el perdón.  A veces dejamos nuestros pecados como son hasta empezamos a sentir mal por ellos o pensamos que pedir perdón es una transacción muy sencilla, y simplemente pedimos “Dios perdóname”.  Pero realidad debe consistir de ser afligido, tal vez con mucha tristeza.

La respuesta de Isaías para mi es genial:

8 Entonces oí la voz del Señor que decía: —¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? Y respondí:—Aquí estoy. ¡Envíame a mí!

Esa llamda a Isaías no era solamente para él, pero es para todos nosotros.  Dios está llamando y buscando gente que respondarán con un “Aquí estoy, envíame a mí”.

¿Has tendio una experiencia con Dios como tenia Isaías?  Tal vez somos demasiado ensimismados o egoístas.  Tal vez no hemos considerado la grandeza de Dios.  Quiero animarles para tomar un tiempo de abrirse al Señor, pedir perdón como hizo Isaías, y ver su gloria.  Garantizo que sus vidas no serán igual.

**Ahora toman tiempo de escuchar la voz de Dios**

1. ¿Aún has sentido en ruinas como Isaias – explicalo en detalle?

2. ¿Cómo es ser completamente afligido con sus pecados ante de Dios?  Describelo en sus palabras

**Ahora toman un tiempo para orar, pedir perdón, ver la gloria del Señor, y responder con un ‘aquí estoy’**

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