Yo, el Señor, Dios de Israel, lo afirmo. Yo honro a los que me honran — 1 Samuel 2:30

Me imagino que conocen la pelicula “Carros de Fuego” o si no a lo menos van a reconocer la canción famosa de ella.  La pelicula cuenta de una historia de un corredor escosés llamado Eric Liddell que corrió para Gran Bretaña en los juegos olímpicos en Paris en el año 1924.  Antes del los juegos fue considerado el favorito para ganar la carrera de 100 metros.  Pero cuando anuncio que las carreras de 100 metros empezaban en un domingo – declinó a participar, por su fe en Dios y su convicción para honrar el sábado.  Mucho insitieron que participara y negar sus convicciones para un día – las peticiones fueron muchos del comité olípico de Inglaterra y también un principe de Inglaterra.  Aun, Liddell decidió a no particpar y honrar a Dios.  !Que controversia causó Eric Liddell por su fe en Dios!  La historia sigue con un compañero atlético que ofeció a Liddell su posicion para correr en la carrera de 200 metros para el díá lunes — Liddell aceptó.  Al empezar la carrera, un corredor americano le dió un papel donde estaba escrito, “en el Buen Libro dice, ‘Yo honro a los que me honran'”.  Y con ese papelito en sus manos corrió a tomar la medalla de oro y ser un heroe para Inglaterra.

Aun que los últimos 3 días han sido un poco dificil y estimulante, tenemos que tener la fe que todo lo que estamos durante estos 40 días es para honrar a Dios.  Y la promesa que Él nos da es, “Yo honro a los que me honran”.  Creo la pregunta para nosotros primero es, “¿qué son las cosas en vida que no da honra a Dios?”  Es importante reconocer esas cosas con honestidad y pedir perdón por ellas.  Ahora puedes empezar a preguntar, “¿cómo puedo honrar a Dios en mi vida?”.  Honrar simplemente es poner prioridad en.  Por ejemplo, lo que hizo Liddell – él puso Dios antes de los deseos que él tenia para si mismo.  Esto es grande – honrar a Dios en esa manera, y creo necesitamos de una generación que tiene la misma mentalidad y acciones.

**Ahora toman un tiempo de escuchar la voz de Dios**

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