44 Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo. 45 También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas,46 que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró. – Mateo 13:44-46

Jim Elliot era un misionero que fue un mártir en las selvas Ecuatorianas, dió su vida para llevar el evangelio a un grupo lejano de indígenas; de hecho – fueron el mismo grupo de indígenas que le mató.  Pero antes de ir, nos dejó con una palabras muy fuertes e impactantes, “Él es no necio (o tonto) quien rinde/pierde lo que no puede ganar para ganar lo que no puede perder.”  Su vida me hace pensar muy fuerte en como estamos viviendo nuestras vidas.  ¿Sabian que los misioneros en los siglos 19 empacaban sus ataudes con ellos antes de salir de misiones?  ¿Cómo estamos viviendo nuestras vidas – con un puño fuerte tratando a mantenerla y agarrarla, o con una mano abierta – soltando todos nuestros sueños, deseos, y seguridad?   Saben que, la realidad es lo más tratamos a agarrar nuestras vidas con un puño cerrado lo más perdemos de ella, y en el momento que tenemos las palmas abiertas podemos recibir la bondad y gracia del Señor.

Algo chistoso, ustedes saben que en la India atrapan a los changos en un forma muy interesante: con una botella o una calabaza seca y arroz dulce.  Meten el arroz dulce en una botella y la dejan afuera para que pueden acercar los changuitos, vienen y meten sus manos en la botella para agarrar el arroz, pero con su puño lleno de arroz, no puede sacar su mano de la botella.  Ahora, acercan los humanos y simplemente agarran el chango, por que el chango no quiere soltar el arroz!  ¿No somos así a veces?

Aquí en las parabolas de Jesús vemos dos personas que encuentra gran tesoros y “sueltan” todo para tener el tesoro o perla.  Los tesoros son imágenes del Reino de Dios, y la lección y el reto aquí es si podemos soltar y sacrificar todo para tener lo que Dios quiere para nuestras vidas.  ¿Saben que?  No podemos recibir hasta que tenemos las palmas abiertas al Señor y lo que nos ofrece es mucho más en comparación a lo que no queremos soltar.  ¿Qué son esas cosas en su vida?  Puede ser una relación con una persona, el trabajo, un sueño, sus finanzas, o su dolor y sufrimiento.  Te invito a tomar un momento para refleccionar de sus vidas y empezar a soltar esas cosas, para tener las palmas abiertas al Señor.

10 «Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios.
¡Yo seré exaltado entre las naciones!
¡Yo seré enaltecido en la tierra!» – Salmos 46:10

**Quédense quietos para escuchar la voz de Dios**

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