Los *maestros de la ley y los *fariseos llevaron entonces a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio del grupo4 le dijeron a Jesús:    —Maestro, a esta mujer se le ha sorprendido en el acto mismo de adulterio.5 En la ley Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices? – Juan 8:3-5

Una mañana, cuando Jesús estaba enseñando en el Templo, traeron los fariseos y abogados de la ley una mujer cachado en el acto de adulterio.  Si pueden imaginar el escenario con los gritos de la mujer, su cabello dehecho, y medio desnuda.  Ella se encontraba en el suelo, quieta, esperando la pena de muerte – pero algo milagroso pasa, nadie alzaba ni una piedra y Jesús luego le preguntaba, “—Mujer, ¿dónde están?[a] ¿Ya nadie te condena?
11 —Nadie, Señor.    —Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar.
”  ¡Que grande es el amor y la gracia del Señor!  En realidad es muy difícil comprender completamente la gracia del Señor en su totalidad, pero es algo que tenemos llevar con nosotros cada día – vivir en ella en una manera diaria.  ¿Cómo lo hacemos?  Creo que el primer paso es reconocer que somos pecadores y estamos en gran necesidad de su gracia – porque en realidad no somos dignos de recibirla, aunque somos muy santos, nunca vamos a ser perfectos adelante de Dios, es por eso Cristo murió por nosotros.  Es como que Dios nos dió el boleto gratis para su Reino.  Segundo, creo que es vivir en su gracis cada día.  En la Biblia Pablo siempre refiere a los creyentes “en Cristo”; tenemos que vivir “en” o “por” la gracia que hemos recibido.  Terecero, tenemos que responder a lo que dijo Jesús a la mujer “no vuelva a pecar”.  Ahora creo que es imposible para hacer esto solos, seguimos pecando aunque no queremos.  Es aquí donde la gracia de Dios empieza a ser real en nuestras vidas – porque por la gracia de Dios recibimos el Espíritu para ayudarnos en momentos de tentación y el poder de vencer toda maldad en nuestras vidas.

Es una paradoja, porque la realidad es nos frustramos con nosotros mismos por no poder vencer al pecado en nuestras vidas.  Tenemos que realizar que el poder no está en nuestro esfuerzo, pero queda en el poder de Dios para transformarnos – según su plan, su horario, su poder.  En el momento que bastamos a luchar, y dependemos de Dios completamente es cuando podemos sentir la libertad que está en Él.  Tenemos que soltar el control a la obra del Señor.  También tenemos que reconocer que Dios no está en el negocio de cambiar acciones o moralidad, eso es la Ley; es por eso que Cristo murió en la cruz por nosotros – Dios está en el negocio de la transformación de vidas, una transformación de corazón, mente, y alma.  La verdad es que la gracia de Dios es tan poderoso que empieza a transformarnos internamente cuando la dejamos hacer su obra.

¿Pueden soltar su control?  ¿Qué son alguna maneras que puedes experimentar la gracia de Dios diariamente?  ¿Cómo pueden empezar a dejar al Espíritu realizar su obra de transformación en nuestras vidas?

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